viernes, 13 de diciembre de 2013

Libertad y Límites



Cuando hablamos de crianza o educación libre, siempre sale a colación el famoso y peliagudo tema de los límites
Algunas personas  al hablar de niñ@s libres imaginan pequeños salvajes que hacen lo que les da la gana, y la pregunta es:  ¿pero no les ponéis límites? ¿Nunca les castigáis?
Los niños criados y educados en libertad tienen SI tienen  límites, la diferencia radica en que los límites nacen del respeto a la  libertad, la libertad de todas las personas con las que conviven, en mí caso aplico la máxima de: tu libertad acaba donde empieza la del otro.
-¿…Y nunca les castigas?
- No, nunca he necesitado castigar a mi hija

El límite nace de la responsabilidad de asumir que sus decisiones tienen consecuencias y que estas son consecuencias lógicas, es decir, que son inmediatas y tienen una estrecha relación con lo que ha sucedido.

  • Si manchas, tienes que limpiar

  • Si llegas tarde a la mesa, la comida estará fría

  • No puedes jugar con la pelota en el salón, pero si fuera de casa.

  • Si no recoges tu habitación, llegara un día en el que el caos se apoderara de ella y será difícil jugar


Los límites no son rígidos, varían dependiendo del contexto donde nos encontremos, por ejemplo, puede saltar en el sofá en nuestra casa, pero no en casa de la abuela porque a ella le molesta.

Nadie dijo que poner límites fuera fácil, es cierto que requiere un esfuerzo; os cuento la situación que viví ayer en el parque:
La mamá que estaba charlando con las otras madres  cómodamente sentada, cuando el niño se pone a trepar por una verja, la madre sin moverse del sitio, le grita al niño:
-Niñoooooo bájate de ahí
Claro, el niño ni caso…
Al rato la criatura se dedica a lanzar piedras y la mamá de nuevo sin moverse de su sitio.
-Niñooooo, deja de tirar piedras
Evidentemente, el niño, no le hace ni caso y sigue a lo suyo… el adulto se cabrea y entra en juicios, que cabezota es, nunca me hace caso…. Que mal te portas, nos vamos para casa ahora mismo….
Quizás si nos levantamos y bajamos al niño de la verja a la que se ha subido  explicándole el motivo de  por qué no debe trepar a ella  o le quitamos la piedra evitaríamos el enfado y los gritos.

 

También es cierto que para mucho padres y madres es difícil poner  límites o decir no, al niño, podemos sentir  que le estamos dañando o coartando su libertad. Posiblemente porque hemos asociado el poner límites a como los recibíamos en nuestra propia infancia, a través del castigo o la autoridad, en esos casos nos encontramos a unas criaturas desestructuradas, perdidas y pidiendo limites literalmente a gritos.

Poner límites de manera adecuada requiere un aprendizaje por parte del adulto (por lo menos en mi caso ha sido así)  se necesita reflexión, paciencia y ofrecerle oportunidades y alternativas  a la criatura.

Pero merece la pena  por que los niños que se crían de este modo, aprenden a asumir que sus decisiones tienen consecuencias  y esto les hace personas responsables.

Siento que cuando un niño aprende a través de la autoridad o el castigo, no le damos una oportunidad real de aprender a ser responsables sino obedientes.

Libertad es asumir responsabilidad.


6 comentarios:

  1. Me encanta esta entrada, yo siempre estoy con ello en la cabeza sobre todo cuando voy a casa de mis padres y siento que lo hago fatal por que creen que esta mimado o que le hago demasiado caso...pero no creo que l ehago daño... en fin a lo que iba yo el otro dia vi a un amadre que en el parque castigba a su niño de año y medio o asi porque tiraba la arena a los demas!!que pena le dijo: al rincon de castigo!jajaja casi me parto de risa pensando en lo loca que estaba ella, pero ta,bien me dio pena por el prqueño!!que ni siquiera sabia de qué carajo iba la historia...en fin una pena ya que no creo que aprendiera nada ese niño..

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    1. Pienso como tu, no se malcria por hacer caso a tu hij@ si no por todo lo contrario.
      Tristemente la anecdota que cuentas es muy habitual y estoy de acuerdo contigo el pequeño ni siquiera sabia de que iba la cosa, hasta los dos años por lo menos las criaturas no asumen los límites, pobrecito...

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  2. Me gusta el enfoque del artículo, pero me surgen muchas preguntas. Me ha llevado un rato, y me parece que he hecho una especie de "entrada de post" por comentario, perdón por la extensión y pido paciencia a la autora del blog si me lee... Ahí va.

    Puestos a hilar fino, lo que la autora propone no es "no castigar", sino cambiar el "castigo". Si el niño nunca se sienta a comer cuando le llamamos, la comida estará fría, ese es un "castigo", se dirá que es una consecuencia directa de sus actos, pero todos sabemos que cuando a los adultos nos pasa eso, echamos mano del microondas. Si no lo hacemos con el niño, ¡claro que le estamos castigando! Me parece estupendo hacerlo, y me parece mucho más educativo que pegarle cuatro voces y calentarle la comida en el microondas. Pero es un cambio de enfoque, nada más (ni nada menos, es un cambio importante). Esto por un lado.

    Por otro lado, me pregunto qué consecuencia directa de sus actos ve un niño que no recoge su cuarto. Al cabo de un tiempo no se podrá jugar en él, dice la autora del artículo... Mmmm, dudo que eso sea lo que experimente el niño.

    No creo que yo espere a que mi niño experimente por sí mismo la consecuencia de vivir entre el desorden o la mugre. Como tampoco dejaré que se atiborre de patatitas hasta que descubra lo que significa estar obeso. Ni esperaré a que su expediente académico sea tan desastroso que él se de cuenta de que no haber adquirido un hábito de estudio le ha condenado a no poder optar a un montón de trabajos. A veces dejaré que las cosas sigan su curso, a veces no.

    A veces tendrá que saber que aunque a uno le parezca que no hay razón para hacer algo, conviene hacerlo porque su padre y su madre saben mejor que ellos lo que está bien y lo que está mal, y lo que les va a reportar un beneficio o un perjuicio. También porque, a veces, hay que esforzarse en complacer a las personas que uno quiere aunque su modo de organizar la vida sea diferente del nuestro (eso es convivir en familia, a fin de cuentas).
    Siempre que el niño pueda ver que sus propios actos conllevan un perjuicio o un beneficio rápido y evidente, estupendo, vamos a dejarle que él lo experimente. Pero, en otras ocasiones, yo le voy a "adelantar" que, detrás de lo que hace, hay un perjuicio o un beneficio, porque él es aún muy pequeño y creo que educar también consiste en eso, no sólo es "acompañar hasta que el niño descubra él solito lo que está bien y lo que está mal".

    Por favor, todo esto son simples reflexiones que me suelen asaltar cuando me acerco al mundo de la "crianza respetuosa", del que he aprendido algunas cosas, pero con el que no comulgo completamente en otras, espero que nadie se lo tome como ganas de gresca o algo así... Además, mi bebé aún es muy chiquitín para que pueda hablar de ciertas cosas por experiencia, son sólo mis "teorías". Escribo este rollo porque me gusta hablar del tema con quien me constesta con tranquilidad y respeto e intercambia ideas conmigo, creo que puedo aprender y, a lo mejor, enseñar.

    Un abrazo, bloguera.

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    1. Mina, gracias por tu respuesta, con comentarios tan claros y desarrollados aprendemos todos y todas y ese es el objetivo de blog, que podamos expresarnos libremente sin ser juzgadas por ello, se trata de aprender todas de todas.
      Para mí una consecuencia lógica no es un castigo, es simplemente la experimentación de que sus decisiones tienen consecuencias. En el caso que estamos analizando, el de calentar o no la comida, te explico con más detalle la situación:
      Suponemos que hemos avisado con antelación de 10/15 min que vamos a comer.
      La comida está en la mesa y la familia sentada, solo falta el niño por sentarse a comer, pero el niño está liado con un juego, le llamamos y no viene, no le voy a llamar diez veces, el sabe que estamos comiendo y que la norma de la familia es comer juntos, cuando llega su comida está fría, cuando se puso en la mesa estaba caliente, el ha decidido venir cuando la comida está puesta desde hace rato y naturalmente estara´fria. ¿Donde está el castigo? el adulto no ha impuesto ningún castigo, ni amenazas, ni gritos.
      Claro que no es lo mismo para un niño de tres años que para uno de ocho o de diez.
      Lo de recoger sus juguetes si es un tema que he podido experimentar en carne propia, yo recogía, ella esparcía y encima se enfada por que le "cambio" las cosas de sitio!! Al final tome la opción de no limpiar su cuarto y dejar que lo hiciera ella misma cuando quiere. Lo cierto es que a veces es duro ver la leonera, pero ella lo ha decidido así y cuando ve que no puede ni jugar, la limpia y yo la ayudo a limpiar, pero con ella. A nosotras nos funciona...
      Los Límites serán diferentes para cada familia, cada una establecerá los que considere necesarios para que la armonía y la convivencia de toda la familia sea feliz.
      Respecto al tema de los estudios que comentas, yo no obligo a mi hija a hacer los deberes ni a estudiar, ni a sacar buenas notas, si lo hace es por ella misma, por su necesidad de aprender o aprobar (que no es lo mismo) es su responsabilidad, si necesita ayuda se la ofrezco, pero no la juzgo por sus notas, ni la premio ni la castigo.
      Lo que en realidad pretendo decir con el post es que los límites son necesarios para las criaturas, son estructurantes, pero siempre debemos adaptarlos a las necesidades de cada familia, pactarlos entre todos y ser responsables de asumir que nuestras decisiones tienen consecuencias.
      Gracias de nuevo por aportar tanto y por ayudarnos a reflexionar, así da gusto.
      Un abrazo

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  3. Muy buena reflexión, y buen debate entre las dos.
    Yo pienso que tienen razón ambas, está claro que el castigo no es la solución, pero tienen que saber que sus actos tienen consecuencias. El problema está cuando esas consecuencias son a largo plazo y ellos son pequeños para darse cuenta. Como en el caso de que el niño se infle a patatitas y acabe siendo obeso o que no adquiera un hábito de estudio y acabe teniendo malas notas.
    En estos casos somos lo padres, los adultos, los que tenemos que poner los límites, intentando explicarles y sin imponer, buscando alternativas para que hagan lo correcto, no?

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    1. Hoal amiga del Rinconcito de Mamy, gracias por comentar ;)
      Si la criatura se infla a papatas fritas o chuches me lo tomaria como un sintoma y buscaria la causa ¿por que necesita tanta sal o azucar? que carencia esta supliendo, teniendo en cuenta que la comida es un acto muy emocional.
      Y con el hábito de estudio... pues como yo no creo que con hacer deberes se aprenda más, de hecho estoy absolutamente en contra de los deberes por que siento que solo se aprende desde el placer y la curiosidad, eso, que cada caso es distinto y es lo bonito de la crianza, el no seguir nada como dogma sino adpatarnos a nuestras necesidades como familia y tomar las decisiones que nos hagan felices a todas.
      Por cierto, precioso el blog navideño ;)

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