Siéntate derecho, no seas tan maleducado, estate quieto, mira al doctor, di
buenos días, quítate de ahí, ven aquí, estírate el vestido, no te ensucies las
manos, y así sucesivamente, sin pausa ni respiro.
¿Cuántos adultos soportaríamos este bombardeo “educativo”?
Es natural y sano que las
criaturas reacciones de manera violenta cuando les tratamos así...
Estamos hablando de la compulsión a educar (Reich) que todos los adultos en
mayor o en menor medida tenemos.
La compulsión a educar se da porque el adulto se cree obligado a hacer
algo, a educar, aunque no haya nada que educar, nos suele pasar sobre todo cuando
estamos en presencia de otros adultos. Además cuando la victima de
nuestra compulsión a educar no se comporta de una manera “adulta” lo sentimos como
una ofensa personal, puesto que deja en evidencia nuestra capacidad para
educar.
¿De dónde viene la compulsión a educar?
El deseo de corregir nuestra propia infancia es uno de los motivos más
típicos de la compulsión a educar, lo que reprimieron en nuestra propia
infancia es lo que más nos va a costar no reprimir a nuestras propias
criaturas.
¿Cómo reconocer la compulsión a educar?
- Los criterios educativos se van alterando según el estado emocional del adulto, es decir, tengo más tolerancia al comportamiento natural infantil si estoy de mejor humor y muchas menos tolerancia si estoy cansado, nervioso o frustrado.
- El adulto, siempre tiene la razón; Porque lo digo yo y punto.
- El adulto necesita interferir constantemente. Damos órdenes constantemente sobre todo en público.
- Proyectamos nuestros miedos: ¡Que te vas a caer! ¡Cuidado con el perro que muerde!
Reich decía que hay cosas que no se educan, solo pueden autorregularse.
Fuente: Los padres como educadores: La compulsión a educar y sus causas
Wilhelm Reich
Wilhelm Reich









