Últimamente escucho la palabra radical dentro del entorno de
la crianza, más de lo quisiera y me hace reflexionar…
Radical, palabra que me chirriaba por confundirla con
extremista, pero si entendemos radical con su significado real, creo que en los
tiempos que corren se hace necesario apostar por cambiar la crianza y la educación
de una forma radical, sintiendo la
necesidad de cambiar las cosas desde ir a la raíz.
Y es que me asomo a la raíz y veo
que la situación social que vivimos las familias es una trampa.
Para adaptar la crianza al modelo que propone nuestro actual
sistema social, económico y cultural se interfiere brutalmente en nuestra
sexualidad, en nuestros partos, en nuestra lactancia y con nuestras criaturas separándolas prematuramente de sus familias.
Tenemos que criar, por supuesto, estemos preparadas
emocional, física y socialmente o no. De ello se ocupa la iglesia y Gallardón,
legislando nuestro derecho a decidir si somos madres o no.
Pero además de criar nuestro modelo económico nos exige que
seamos productiv@s, (con criar con cuatro meses tenemos suficiente)
Mientras nosotr@s seguimos siendo productivos, tenemos la opción de dejar a nuestras crías
en guarderías especialmente habilitadas para ellas, donde convivirán con sus
iguales y serán perfectamente adiestrados para continuar obedientemente con el
sistema social establecido.
La crianza vista desde el placer, el contacto, el vínculo,
es un problema social.
Creo que va siendo hora de ser radicales no?
Necesitamos sensibilizarnos a nivel
social de la necesidad de apego de las criaturas, con su fragilidad los
primeros años de vida siendo conscientes
de que esos primeros años de vida marcaran su carácter, su forma de sentir, de relacionarse,
de amar…
Esto nos va exigir la enorme tarea de cuestionarnos, de
reflexionar sobre nuestra propia infancia
para evitar trasmitir a nuestras crías los patrones educativos
(desastrosos en muchos casos) que hemos aprendido e incorporado y que solo
siendo conscientes de ellos podemos tratar de superar.
Radical en el contexto de la crianza significa aprender a
conocer y a respetar el ritmo evolutivo de nuestras crías confiando plenamente
en sus capacidades para nacer, para regular sus necesidades primarias de
alimentación y sueño, confiando en que hablaran, caminaran, controlaran sus
esfínteres sin necesidad de que les enseñemos, lo conseguirán cuando estén
preparados para ello.
Como familias nos toca desaprender el modelo autoritario de relación
con la infancia y mirar a nuestras crías desde la horizontalidad, tratándoles
con respeto y empatía, reconociendo y valorando sus emociones, (todas también
su rabia, su miedo, su tristeza.)
Es nuestra responsabilidad como familias trabajar activamente para trasformar el
sistema educativo en lo que realmente necesitan nuestros hijos para aprender a
ser, a pensar, sentir y no a obedecer.
Tenemos que ser muy radicales para conseguir eso... y trabajar para lograr un modelo social que respete la maternidad y sus necesidades, nos proporcione a las familias el tiempo y los recursos económicos y formativos para logralo.