Cuando hablamos de crianza o educación libre, siempre sale a
colación el famoso y peliagudo tema de los límites
Algunas personas al
hablar de niñ@s libres imaginan pequeños
salvajes que hacen lo que les da la gana, y la pregunta es: ¿pero no les ponéis límites? ¿Nunca les castigáis?
Los niños criados y educados en libertad tienen SI
tienen límites, la diferencia radica en
que los límites nacen del respeto a la
libertad, la libertad de todas las personas con las que conviven, en mí
caso aplico la máxima de: tu libertad acaba donde empieza la del otro.
-¿…Y nunca les castigas?
- No, nunca he necesitado castigar a mi hija
El límite nace de la responsabilidad de asumir que sus decisiones tienen consecuencias
y que estas son consecuencias lógicas, es decir, que son inmediatas y tienen
una estrecha relación con lo que ha sucedido.
- Si manchas, tienes que limpiar
- Si llegas tarde a la mesa, la comida estará fría
- No puedes jugar con la pelota en el salón, pero si fuera de
casa.
- Si no recoges tu habitación, llegara un día en el que el
caos se apoderara de ella y será difícil jugar
Los límites no son rígidos, varían dependiendo del contexto
donde nos encontremos, por ejemplo, puede saltar en el sofá en nuestra casa,
pero no en casa de la abuela porque a ella le molesta.
Nadie dijo que poner límites fuera fácil, es cierto que
requiere un esfuerzo; os cuento la situación que viví ayer en el parque:
La mamá que estaba
charlando con las otras madres cómodamente
sentada, cuando el niño se pone a trepar por una verja, la madre sin moverse
del sitio, le grita al niño:
-Niñoooooo bájate de ahí
Claro, el niño ni caso…
Al rato la criatura se dedica a lanzar piedras y la mamá de
nuevo sin moverse de su sitio.
-Niñooooo, deja de tirar piedras
Evidentemente, el niño, no le hace ni caso y sigue a lo
suyo… el adulto se cabrea y entra en juicios, que cabezota es, nunca me hace
caso…. Que mal te portas, nos vamos para casa ahora mismo….
Quizás si nos levantamos y bajamos al niño de la verja a la
que se ha subido explicándole el motivo
de por qué no debe trepar a ella o
le quitamos la piedra evitaríamos el enfado y los gritos.
También es cierto que para mucho padres y madres es difícil
poner límites o decir no, al niño,
podemos sentir que le estamos dañando o
coartando su libertad. Posiblemente porque hemos asociado el poner límites a
como los recibíamos en nuestra propia infancia, a través del castigo o la autoridad,
en esos casos nos encontramos a unas criaturas desestructuradas, perdidas y
pidiendo limites literalmente a gritos.
Poner límites de manera adecuada requiere un aprendizaje por
parte del adulto (por lo menos en mi caso ha sido así) se necesita reflexión, paciencia y ofrecerle oportunidades y alternativas a la criatura.
Pero merece la pena por que los niños que se crían de este modo, aprenden a asumir que sus decisiones tienen consecuencias y esto les hace personas responsables.
Siento que cuando un niño aprende a través de la autoridad o
el castigo, no le damos una oportunidad real de aprender a ser responsables
sino obedientes.
Libertad es asumir responsabilidad.