El motivo de los castigos es que los niños hablan o alborotan en clase y el castigo y es que les restan tiempo de juego en el recreo.
En una reunión con la maestra, le pregunto por la cuestión de los castigos, y ella me contesta riendo, que eso en su clase "¡es el pan nuestro de cada día¡".
En realidad no me sorprende que una profesora que está encerrada en una clase con mas de 20 niños y niñas en un aula minúscula no disponga de más recursos que el castigo. El mismo método coactivo que se utilizaba hace 100, 50 y 30 años.
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| Foto en aula de 1º primaria, donde el castigo es sentarse frente a la pared entre dos armarios mirando al enemigo del héroe de la clase... |
Ahora pensemos en los niños castigados, esos niños que llevan mas de dos horas encerrados contra su voluntad en un aula, tratando de atender/aprender algo que seguramente esté muy lejos de su centro de interés. Parece que los niños necesitaban actuar como lo que son, niños, y moverse, hablar con sus compañeros, pero en lugar de empatizar y comprender las necesidades infantiles y ofrecer la oportunidad de salir a jugar un rato para quemar la energía que su cuerpo le dicta, la maestra hace justo lo contrario, ¡lo castiga a no jugar en el recreo!, obligándoles a estar más tiempo quietos y callados.
¿Benefició en algo a los niños este castigo? ¿Quizás no estarían más tranquilos durante las siguientes clases si hubieran podido desfogarse en el recreo? ¿Qué sienten los niños ante el castigo? Rabia, frustración, miedo,...
¿Pensáis que estos sentimientos van a propiciar que mejore su comportamiento?
En mi opinión el castigo sólo sirvió para aumentar la inquietud del niño y para desahogar la mala leche de la maestra.
Además como daños colaterales, el castigo afecta a todo el grupo, que desde los primeros días de clase ya saben a que atenerse, porque como dice la maestra el castigo en su clase "es el pan nuestro de cada día". Así funciona mi clase, con la política del miedo.


