jueves, 12 de septiembre de 2013

LA ESCUELA DE LOS NIÑOS FELICES


En estos días de vuelta al cole se suceden las imágenes de niños pequeños llorando desconsolados,  algunos de estos niños están realmente aterrorizados, muchos aferrados a sus madres, son imágenes de niños sufriendo.
Si nos fijamos en los adultos, nos damos cuenta de que ellos también sufren con esta situación, ¿A quién no se le han saltado las lágrimas el primer día de cole de su pequeño? Y encima muchas nos sentimos tontas  o sobreprotectoras si expresamos esa emoción.
 L@S profes (si no están demasiados desconectados) se sienten desbordadas por que nada pueden hacer contra lo que dicta la norma y la norma la pone el sistema…y el sistema… ¿Quién es el sistema?!! (divago...)
Pero los adultos tenemos recursos  con los que mitigar la angustia de la separación. Nos  auto convencemos de que es un proceso “normal “.
“En cuanto te vas deja de llorar”. “Son sólo los primeros días”… racionalizándolo y justificando el hecho, es como conseguimos asistir casi impasibles a estas escenas  de expresión de miedo, rabia y angustia ante la separación.
La criatura se lleva estos momentos de angustia vividos al inicio de su escolarización también fuera de la escuela, mediante miedos nocturnos o pesadillas, cansancio, retroceso en el control de esfínteres, explosiones de llanto...
Así la primera experiencia del niño con la escuela, se convierte en una experiencia desagradable, que le causa temor y angustia, esto puede crear un mal concepto de la escuela en el niño, algo que costará mucho cambiar.


¿Cómo lo vive el niño?

Se queda en un lugar desconocido, sin su figura de apego, con una persona desconocida, con niños desconocidos que se presentan como rivales en la atención del adulto.
 Como mínimo se siente desconcertado, asustado…

¿Y si convertimos esa primera experiencia de socialización del niño  en algo motivador, placentero y alegre?

La entrada en la escuela, debería ser para el niño 

un paso más hacia la madurez, visto por él como algo placentero.
Podríamos conseguir esto sólo modificando la forma de iniciar la entrada al cole, sólo necesitamos querer hacerlo y poder romper con el mito de que el llanto y la angustia del niño es normal y que se le va a pasar en cuanto la madre se vaya. ¡No tiene por qué ser así!
Antes de decidirnos a escolarizar al pequeño se debe tener en cuenta el nivel madurativo del niño más que su edad.
El proceso debería iniciarse en Julio, ofreciendo la oportunidad al niño de visitar el cole, conocer a la maestra y pasar algunos ratos en la que será su aula acompañado de su padre o su madre. Así cuando llegue Septiembre el niño ya sabe a donde va y evita pasar el verano imaginando como será eso a lo que los papas llaman cole ;)

Desde el modelo de prevención lo ideal seria permitir a las criaturas establecer un vínculo seguro con la persona que le va a cuidar.
Para ello debemos tener en cuenta que La integración de la criatura en un nuevo espacio requiere tiempo y energía. Los niñ@s necesitan construir relaciones de confianza y hacer suyo el nuevo espacio. Durante un tiempo será necesaria la presencia en el aula de uno de los padres o de otra persona de confianza para el niño
Disfrutando junto a su papá o mamá el niño se siente seguro para explorar el entorno, los juegos y conociendo poco a poco al profe.


En la siguiente fase del periodo de adaptación, la familia, está presente pero separada de la actividad de los niños; el pequeño conoce el camino y bien solo o bien con la ayuda del educador acude a ella para refugiarse y reasegurarse,…y volver a separarse y a investigar en el nuevo mundo.

Poco a poco, cuando se va viendo oportuno, el adulto empieza a irse algún rato, alargando cada vez más el tiempo de separación si se ve que la aceptación es positiva. Es muy importante durante esta etapa el vínculo que se establece con el profe como puente entre sus padres y el mundo social.

Un día por él/ella mismo, y ante la perplejidad de los padres, el niñ@ les dice que se vaya, que él se queda solit@… Ha llegado el momento de la adaptación y de la independencia sana.
Después de esto, se puede dar algún retroceso, volver a pedir que vuelvan los papás; hecho que no deberíamos  interpretar negativamente sino como parte de un proceso positivo en la necesidad de reasegurarse para alcanzar la plena independencia.


¡¡Es simple cambiar las cosas!! ¿Por qué no lo hacemos? Vale la pena tratar de que nuestros niños hagan un proceso de adaptación a la escuela como una conquista más en su independencia.

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