jueves, 17 de octubre de 2013

LA SENSACIÓN DE CULPA EN LA CRIANZA NATURAL

Desde hace unos 10 años estamos ante un boom de crianza natural, consciente, con apego. Se han recuperado muchos conceptos que aunque parecen nuevos, en realidad son de los 50 con la teoría del apego de Bowly.





Con este enfoque cada día más en auge, están apareciendo muchas nuevas teorías y líneas pedagógicas relacionadas con la crianza natural, que más o menos siguen las mismas pautas.




Existe un problema a la hora de como lo abordamos y como llega la información a las familias, pretendiendo idealizar cada concepto de la crianza, cayendo los padres en el juicio. Con esto se llegan a plantear  lo mal que lo han hecho o que lo están haciendo y lo que deberían de haber hecho, creando en ellos sensación de culpa.

Esta salud funcional, este ideal de crianza, esta proximidad hacia lo saludable para nuestros hijos, está muy bien conocerla, tener información y sensibilizarse, tratando de llevarla a cabo. Pero si no se puede hacer como se supone debido a límites sociales, laborales, económicos... tampoco hay que estigmatizarse ni flagelarse sintiendo que se es mala madre o mal padre por no realizar una crianza como se pretende.


La teoría de la compensación de Xavier Xerrano Hortelano habla de ello:
        - Un biberón dado con contacto, con presencia, compensa el no haber podido dar teta.
        - Se puede compensar con masajes enérgicos a un bebé nacido por cesárea.
        - Podemos dejar a nuestro bebé con un cuidador cercano que compense el vínculo si no podemos estar con él, debido a la mal llamada y corta baja por maternidad.



Si no se puede conseguir esa salud funcional, ese ideal de crianza para nuestros hijos, no hay que culpabilizarse y sobre todo no hay que dejar que libros, teorías, grupos de apoyo o nuestro entorno nos hagan sentir culpables por como lo estemos haciendo o por como la sociedad nos deja hacerlo.




8 comentarios:

  1. Culparse para que?. Lo que hay que hacer es disfrutar con ellos todo lo que podamos, dedicarles todo el tiempo que tengamos.

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  3. ...es muy fácil culparse. Personalmente lo hago, eso sí tengo toda la voluntad de intentar paliar en la medida de lo posible los errores cometidos. Siento que es imposible que, cuando te pasan la cuenta, en la adolescencia no te echen en cara algo: si priorizaste la libertad, entonces la abandonaste y no te importa realmente y si estuviste encima de ella entonces eres posesiva y acaparadora.
    Mi caso es el primero, por desgracia me costó adaptarme a la maternidad y de vez en cuando repetía: "si no fuese por mi hija, podría hacer tal o cual cosa" dicho delante de ella (ahora me está cuestionando seguramente, en el fondo por eso, y es insaciable) supongo que tenía miedo a perder mi libertad, a la renuncia de mi misma, luego he tenido fases de eso, de total ad-negación y complacencia... cosa que no me ha hecho feliz desde luego. Siempre traté de hacer maternidad entrañable, con apego, por supuesto consciente, del lado de los niños, antipatriarcal... revolucionando nuestras vidas hasta donde hiciese falta. Lo he hecho y lo hago lo mejor que puedo, ha habido momentos difíciles, algunos bastante duros y otros maravillos. Pero, hoy por hoy, el espejo de mi entorno más inmediato me devuelve la imagen de mala madre que no creo que merezca. Y aquí estoy, lejos de "mi" hija (por circunstancias de la vida) y odiando la maternidad, que me ha resultado profundamente frustrante, desde un balance general: alta exigencia, pocas compensaciones, infravaloración y una tremenda responsabilidad sobre la vida de mi hija. Es una experiencia que marca profundamente y puede llegar a traumatizarte de por vida.
    De todas formas... espero y deseo que esta no sea mi conclusión final.

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    1. Myriam, tu comentario me ha conmovido y me ha hecho reflexionar profundamente.
      La adolescencia es una edad en la que es sano y necesario cuestionar todo, y ciertamente no somos perfectas, nadie nos enseño a ser madres y equivocaciones hemos cometido todas y todos.
      Pienso que cuando se actúa desde el amor, eso es lo que cuenta y es cierto que la maternidad nos enfrenta a veces a situaciones límite que nos pueden confundir y como dice Laura Gutman encontrarnos con nuestra propia sombra.
      Todo nuestro apoyo y cariño para ti.
      De verdad, gracias por enseñarnos a través de tu experiencia

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  4. Pues leyendo sobre malostratos he descubierto que eso que yo hacía: decir y demostrar que cuando ella no había nacido yo podía hacer esto o lo otro... es una forma de maltrato psicológico emocional, anteriormente, leyendo otro libro: La felicidad de nuestros hijos de Wayne W. Dier, descubrí que gritarles también lo es. Es increíble como aún siendo madres o padres conscientes, ni siquiera somos capaces de percibir estas formas de violencia, es una pena, por desgracia partimos de una base muy dañada por nuestros propios padres. Al menos, se que siempre ha podido manifestar cómo se sentía y devolverme esa violencia de alguna manera, para liberarse, y también encontrar mi apoyo y el de otros.
    No sólo intenté hacer maternidad entrañable, con apego, estar del lado de los niños y desde una postura antipatriarcal, lo hice; con lo que tenía.
    Siento mucho los errores cometidos.La culpa siempre está ahí, en la sombra; aunque sepa que no sirve para nada.
    Es una revolución con mayúsculas.

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    1. Myriam , me emocionan tus palabras, la dificultad de romper los patrones que nos dicta la cadena de trasmisión intergeneracional es un trabajo difícil que comienza en darnos cuenta de que hemos sido dañados y somo capaces de dañar. Ser capaces de decir lo siento a nuestros pequeñ@s cuando se nos escapa un grito, es sanador para ell@s, somos humanas imperfectas, siento que a nuestros cachorros les ayuda ver como tratamos de mejorar nuestra relación con ellos, pero también les ayuda vernos como personas con dificultades, con miedos, con rabia y frustraciones eso nos humaniza ante sus ojos. Es cierto que la culpa esta.... Estoy contigo en que la revolución empieza con la crianza ;) Gracias por estar, por ser y por compartirlo.
      Un abrazo

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